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jueves, 14 de marzo de 2013

Cuarta Unidad: Proceso de Adaptación a la Actividad Física I.


PRINCIPIOS PSICOPEDAGÓGICOS:
 

La puesta en práctica de los principios del entrenamiento en las clases de educación del movimiento, además de requerir un proceso de adaptación, difiere drásticamente en los fines que se propone: mientras el entrenamiento de alto nivel busca lograr campeones, la tarea del docente apunta a la formación de seres humanos sanos y plenos en el desarrollo de su personalidad. De este modo, el movimiento es un medio importante de salud popular, aplicable a nivel masivo y no a unos pocos superdotados. En este sentido, la deformante contradicción implícita en la búsqueda de altos resultados deportivos, supone una contradicción no resuelta que expresa muy bien el profesor Ulatowsky: "Hoy día, cuando la lucha por resultados deportivos se ha convertido en una carrera, armamentista, y su trayectoria no cumple muchas veces con las reglas de la sociedad moderna, el deporte ha debido confrontar algunas interrogantes cuyo significado puede expresarse como sigue: ¿Cómo pueden obtenerse, preservando la completa salud física y psíquica de un competidor, resultados deportivos de nivel mundial, y todavía tener como meta su superación?
Dejando a los especialistas la resolución de este espinoso problema, en la búsqueda de super campeones que no dejen de ser seres humanos, volvamos al nuestro, intentando encontrar una forma racional con el fin de superar las serias limitaciones que se nos plantean en nuestros países (dependientes, periféricos o del Tercer Mundo), para el logro de fines educativos que incidan realmente en la modificación de nuestra realidad.

Adecuación al desarrollo evolutivo.


Durante esta etapa, el niño tiene una serie de características físicas y psicológicas que le limitan a la hora de enfrentarse a las distintas situaciones del tráfico rodado. En este apartado vamos a centrarnos en las que creemos más importantes.
La percepción del tráfico:
La percepción visual de los niños de esta etapa se caracteriza por tener un campo muy limitado.
Así, el campo visual es sólo de 110 grados a los 6 años, ampliándose progresivamente hasta llegar a los 180 grados, que es el de los adultos. La limitación del campo visual dificulta la detección del movimiento en la periferia del campo -obligando a los niños pequeños a girar la cabeza para detectar movimientos laterales-, lo que implicar un aumento en el tiempo de reacción para identificar los objetos que se localizan en dicha zona.

Alegría.

La alegría es el estado de regocijo interior que nos hace sentir vivos y equilibrados; es una excitación que produce placer y felicidad y es un sentimiento grato que nos obliga a ver el lado risueño y gracioso de las cosas. Es una emoción expansiva que se necesita expresar y compartir con los demás.
En estos tiempos, encontrar una persona alegre por nada, dispuesta a sonreír a la gente, a esparcir buena onda y a sembrar optimismo, no es cosa fácil, en un mundo donde proliferan las caras largas de tanta gente depresiva y amargada que se complace en quejarse de todo y que se pasa gran parte de la vida presagiando fracasos y catástrofes.
Sin embargo, puede ocurrir que entre esa masa doliente que no es capaz de ver el lado bueno que tienen todas las cosas, aparezca alguien como surgido de otra dimensión, que se atreva a ser optimista y positivo aún en los peores momentos.
Es en ese instante en que podemos reconciliarnos con la vida y comenzar a respirar el aire fresco de la esperanza, que es la que nos permite vislumbrar el horizonte impidiéndonos bajar los brazos.
La alegría se contagia y le devuelve a la gente el entusiasmo y las ganas de vivir, pero todavía hay tan pocos referentes que logran desplazar a los que nada esperan y que solo se quejan, que sigue venciendo la mala onda de la gente que vive aferrada al instinto de muerte.
Son demasiadas las cosas que hacen que la mayoría esté de mal humor, pero desde que el mundo existe han habido calamidades, principalmente por la conducta de los seres humanos; sin embargo también el hombre tiene la capacidad para estar alegres aún cuando sus circunstancias no sean las mejores; porque la alegría es una actitud, una predisposición a aceptar la realidad como es y entregarse a ella sin ponerse a la defensiva y necesariamente intentar cambiarla.
La queja no es privativa de los menesterosos, más bien predomina entre los que más tienen, que nunca están conformes y necesitan más cosas, creyendo erróneamente que teniéndolo todo podrán ser más felices.
La realidad se puede ver desde distintos ángulos y cada uno de ellos nos mostrará una cosa distinta. Si pudiéramos enfocar el aspecto verdadero que tienen todas las cosas, podríamos reírnos más seguido, principalmente de nosotros mismos cuando pretendemos aferrarnos a puras ilusiones que nos impiden pasarla bien y divertirnos.
La alegría no se agota aunque se malgaste, al contrario se convierte en una inagotable fuente de buen humor que contribuye a hacernos más felices, y en el mejor de los casos hasta puede llegar a convertirse en un hábito.
Profesionales dedicados al estudio de la salud emocional se reunieron en Helsinki (Finlandia) y en Buenos Aires, para debatir este tema en función a sus investigaciones, y llegaron a la conclusión de que cuanta más alegría se gasta más rápidamente aumenta el caudal de buenas ondas que repercute en los demás.
Este fenómeno se produce aún en contextos muy diferentes con condiciones culturales y económicas muy disímiles.
Estos resultados fueron sorprendentes porque cada equipo de trabajo investigó por su cuenta sin conocer el trabajo que hacía el otro.
Es importante distinguir entre la falsa alegría, que es la grotesca y del mal gusto, y la genuina, que es la espontánea, que es la que surge desde adentro con el solo propósito del buen vivir.
La alegría es como un puente fácil de atravesar, porque hasta el que se encuentra más deprimido puede cruzarlo y contagiarse y decidir en un solo instante cambiar su estado de ánimo y elegir ser una persona alegre para siempre.
La alegría libera para hacer cualquier cosa, nos permite volar con la imaginación e inventar cosas nuevas, atrae a la gente, abre puertas, disuelve rencores y resentimientos, permite olvidar las penas y minimizar las adversidades.
Hay poca alegría porque nadie se atreve a cultivarla y porque no tiene tanto prestigio como los dramas, porque los asuntos serios parecen ser en este mundo lo más importante.

Sin embargo, la alegría acelera los procesos de curación, cicatriza más rápido las heridas, mejora las relaciones, favorece los vínculos, nos hace felices y nos permite ver el lado bueno que tienen todas las cosas.

Asi el principio psicopedagogico de alegria motiva al desarrollo de actividades fisicas en el ambito motrtiz; ya que este se vincula con el estimulo necesario para la actividad motriz necesaria para cualquier ser vivo.

Paulatinidad.

El principio psicopedagógico de paulatinidad se refiere al desarrollo de forma gradual que requiere persona para un mejor desarrollo motriz.

La Motricidad representa un fundamento y una condición importante, no sólo para el desarrollo físico, sino también para el desarrollo intelectual y socio afectivo. , ya no podemos analizarla únicamente desde el punto de vista biológico, sino que debemos asumir la repercusión que la misma posee sobre todas las dimensiones del ser humano.
Es por esto que la motricidad formativo-educativa debe suplir el déficit motriz de nuestro estilo de vida y de trabajo ... el caminar, correr, saltar, empujar, lanzar, recibir, y muchas otras formas motoras básicas llegaron a la motricidad deportiva surgiendo de la motricidad laboral o por intermedio de ella.
La finalidad de la educación no es exclusivamente la adquisición de determinados
conocimientos o habilidades, sino el desarrollo de un ser humano más plenamente
humano, libre, creador y recreador de su propia cultura, con el fin último de
mejorar su calidad de vida.
La Educación física es la área de la educación que educa al hombre a través del movimiento, desde y en lo psicomotor, hacia lo cognitivo - socio afectivo y en función de un diseño de hombre.

Multilateralidad.


El principio de Multilateralidad se refiere a los beneficios de una práctica variada y amena, acentuando las tareas generales y utilizando distintos medios: actividades deportivas, gimnásticas y atléticas, que tiendan a la formación general y no a ya adquisición de secuencias técnicas especiales. Consideramos un error pedagógico que un grupo de alumnos se dedique exclusivamente a la práctica de un deporte en especial, pues se limitan las oportunidades de conocer toda otra gama de actividades que amplíen las posibilidades de obtener otro tipo de logros educativos.
Además, es muy difícil desarrollar adecuadamente la práctica de una especialidad sin que haya un periodo de preparación general, en donde se vuelque una serie amplia de estructuras motrices. Do cualquier manera, siendo El movimiento un medio y no un fin en sí mismo, aun realizando una sola actividad (con las limitación^ que esto supone), el maestro puede lograr fines educativos válidos y profundos.
Sin embargo, siempre los deportistas más destacados eran los preparados de una manera polifacética, los que practicaban varias disciplinas deportivas simultáneamente.
Con la evolución de la ciencia del entrenamiento se ha estudiado y comprobado que "la repetición exclusiva de los mismos ejercicios en fin de cuentas hace frenar el perfeccionamiento posterior de las posibilidades funcionales del organismo, necesarias para mejorar los resultados de estos ejercicios."33
Tomando como referencia estas experiencias del deporte de alto rendimiento, debemos analizar dos aspectos complementarios entre sí, demostrando la necesidad de meditar sobre la aplicación del principio de multilateralidad con adolescentes y jóvenes: por un lado, el proceso de aprendizaje, y dentro de éste la polaridad que. Conforman la repetición y la variabilidad; por otro, la relación entre preparación general y preparación especial y los medios (ejercitaciones) utilizados en cada uno de estos aspectos.

Concientización.

Se trata de “concienciarse” o “concientizarse”. Sin duda volveré a ello en numerosísimas ocasiones durante el curso académico que comienza en estos días acá en España. Es una cuestión que suelo tratar a fondo en mis clases y que responde a las inquietudes y preguntas de bastantes alumnos. Pienso tanto en la asignatura “Filosofía de la educación” como “Teoría e instituciones contemporáneas de la educación” para futuros maestros y pedagogos, y por supuesto, en los seminarios del curso de doctorado que he impartido sobre tolerancia y educación. Por eso, no voy a agotar el tema en la breve aclaración de las líneas que siguen, querido lector.
Creo que “concienciarse” o “concientizarse”, palabras que en estas líneas uso indistintamente, nos remite a quien en la pedagogía mejor lo explicó: Paulo Freire. Para él, como para algunos movimientos filosóficos y teológicos, resulta un concepto fundamental, pero que se presta, a mi juicio, a diversos malentendidos. Sobre todo, concientizarse es tomar conciencia de una realidad concreta de tipo social y existencial, percatarse de ella, verla casi como si fuera un objeto que tuviésemos ante los ojos. Esto no es fácil de conseguir. No se logra, y Freire lo recalcó en sus libros, siendo adoctrinados. No se toma conciencia de la propia realidad porque alguien nos la cuente o nos sermonee. De las pocas cosas que he aprendido en mis años de docencia es que el sermón vale de bien poco, como decía A. S. Neill, y apelo a esta experiencia bien real. Por la vía de alguien que en la plaza de un pueblo, pongamos por caso, larga un discurso en un mitin electoral no se logra más que reforzar una adhesión previa a un conjunto de explicaciones políticas o persuadir tendenciosamente, aun cuando el orador esté lleno de buenas intenciones y suelte verdades como puños. Éste es un gran peligro que incumbe de lleno a la enseñanza y que se puede sortear de distintas maneras que iré detallando en post posteriores. Hoy valga esta importante aclaración: un ciego no ve las cosas porque alguien se las describa. Tiene que verlas él mismo. A ese ver él mismo es a lo que podemos llamar concientizarse, o sea, a una especie de comprensión que nace de un esfuerzo prolongado. Porque implica una lucha y conquista personal de la libertad, de la autonomía del sujeto, y, como decía Paulo Freire, la libertad es un parto lento y doloroso.
Sé que la cosa queda así mal explicada, a medias y apenas dicha, pero el tema es bien difícil y complejo. Irá saliendo, como he dicho, en sucesivos post a lo largo del curso, con la ayuda de mis alumnos. En todo caso, creo que un ejemplo algo simplón que puede ayudar es el argumento de la película Matrix, que yo uso en mis clases. En ella hay un tal Morfeo que ofrece una decisión al protagonista principal: o sigue en el ensueño llamado Matrix, exento de problemas pero engañado, u opta por arriesgarse a vivir comprendiendo la verdad acerca de los seres humanos esclavizados, verdad dura, pero que es el precio de vivir libre. En cierto modo, dejando aparte el mesianismo malentendido del filme, su maniqueísmo y algunas otras historias raras asociadas a la trama, esto representaría, para mí, la labor propia del pedagogo: ayudar a las personas a hacerse libres. Pero ya hablaremos de ello, ya hablaremos.

Cooperación.


A partir de las primeras tareas en grupo que realiza ta clase, deben incorporarse paulatinamente formas de trabajo grupal cada vez más complejas que lleven poco a poco a la formación de verdaderos equipos de trabajo.

En las tareas grupales hay una parcial transferencia del pape! dirigente que cumple el maestro, hacia los alumnos; para ello, deberá ponerse en juego el sentido de responsabilidad, a través de una alternancia de papeles como ejecutante, ayudante y cuidador, tratando que los liderazgos sean distributivos de acuerdo con la capacidad de todos los alumnos, quienes deben preservar la seguridad de sus compañeros.

El libre juego de las posibilidades individuales, debe encontrar en este tipo
de tareas su mejor manifestación, y el resultado pasa a ser entonces, la demostración de 
 
una tarea compartida en la que cada uno aporta lo mejor de sí. Esto sólo 
 
se resuelve por medio de una autonomía cada vez mayor, en donde las zonas de 
 
libertad se van ampliando paulatinamente.

Uno de los problemas que debe manejar cuidadosamente el maestro es ei 
de la conformación y permanencia de grupos fijos; es recomendable que los grupos 
 
no permanezcan invariables durante periodos largos. 

Otro aspecto importante en la dirección de las tareas grupales, es el del li 
derazgo; la variación de tareas y actividades debe permitir que exista una rotación 
 
en la conducción o responsabilidad de conducción de cada grupo. Hay alumnos 
 
que tienen mejores condiciones para la conducción, pero no siempre aquellos 
 
que aparecen inicialmente más decididos o influyentes son los más responsables; 
 
todos deben tener opciones de conducir al grupo. Pero éste es también un proceso 
 
que et maestro debe manejar cuidadosamente a fin de no provocar frustraciones 
 
al asignar una responsabilidad determinada a alumnos que todavía no pueden 
 
cumplirla; debe evitar dar relevancia siempre a los mismos alumnos o grupos que 
 
se destaquen, puesto que la capacidad individual y grupal no se mide sólo por el 
 
resultado final, sino por el aprovechamiento dentro del proceso de trabajo desarrollado 
 
de acuerdo a sus posibilidades.

En el trabajo grupal, se brindan oportunidades de interacción y relación entre
los varones y las mujeres, por lo cual, en la conformación de grupos debe tenerse 
muy en cuenta este factor.

Finalmente, los alumnos con limitaciones —permanentes o temporales— para
realizar actividad física, deben tener la oportunidad de participar en las tareas 
grupales.

En cada una de las etapas del desarrollo en la adolescencia y en la juventud,
el grupo escolar y el tipo de relaciones que en él se dan, conforman un punto de 
referencia fundamental en el desenvolvimiento de la socialización.

Las características de ios compañeros y de los pequeños grupos, las relaciones
de amistad, así como ios conflictos que ocurren, son vivencias muy importantes 
que dejan huellas profundas en tos jóvenes. Toda su sensibilidad, sus 
 
intereses y afectos, y también sus contradicciones, entran en este juego.

El maestro debe encauzar y crear un clima tal, que todas estas vivencias adquieran
un sentido formativo. Ese ambiente creado mostrará la altura a la cual 
 
pueden elevarse la sensibilidad en formación, el aprender a ponerse en el lugar 
 
del compañero, ei unirse para resolver conjuntamente un problema, el discutir y 
manifestarse cada uno en sus auténticas posibilidades. Todas las tareas que se 
realicen, todas las habilidades que se desarrollen, todas las técnicas que se aprendan, 
 
para tener realmente un sentido educativo, deben llevar la finalidad de alcanzar 
 
estos logros.